Regina y una candidata

23 de abril de 2012

Regina y una candidata

Y como todos los viernes, llegó la Regina con breve vestimenta y pronunciadas curvas. No cabe duda, es una mujer ligera y además delgada. Al verla, uno concluye que el adulterio es simplemente la democratización del amor. Si se promueve que los infantes disfruten su infancia, ¿por qué no aplicar la misma regla para el adulterio en los adultos? Lista para ayudar en las tareas domésticas, lo limpió todo y dejó mi estudio al último. “¿Cómo les fue en el pueblo con los candidatos esta semana, Regina?” “Ay Don, ni pregunte. Nada bien.” “¿Por qué” “Llegó una candidata a la plaza y un pariente, sin saber quién era, la asaltó”. “Madre… ¿y qué pasó?” “Se le acercó y le dijo: '¡Arriba las manos, deme todo su dinero!' La diputada le contestó: 'No tienes idea con quién te estás metiendo. ¡Soy una política muy influyente!' El pariente se quedó pensando y le dijo: 'En ese caso… ¡arriba las manos, devuélvame todo mi dinero!' Creo que le dieron como 100 pesos y el otro huyó. Así que la noche no comenzó bien. Después, pues andaba hable y hable con el micrófono la candidata y nosotros, pues oye y oye, porque prometieron salbutes al final del discurso. De pronto se escuchó el rebuzno de un burro y la mujer pensó que había sido alguien del público, porque preguntó: '¿Quién hizo así? ¡Díganme quién hizo así!' Y que abre la boca el menso de mi hijo y le grita '¡No se preocupe señora, es el eco!' Y que se enoja y se va. Nos quedamos sin salbutes, Don”. “La luz viaja más rápido que el sonido, Regina. Por eso, algunos políticos parecen brillantes hasta que abren la boca”.

Y así terminó su día de trabajo. @glambarry

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