Exhiben muestra gráfica de los primeros años del Carnaval de Mérida

10 de febrero de 2012

Exhiben muestra gráfica de los primeros años del Carnaval de Mérida

El Ayuntamiento de Mérida 2010-2012, con el apoyo de la fototeca Guerra de la Universidad Autónoma de Yucatán, presenta en el Museo de la Ciudad las piezas del mes, que consisten en una muestra de fotografías que ilustran los primeros carnavales de esta ciudad.

Se trata de 12 imágenes entre los que pueden apreciarse los primeros carros de las empresas patrocinadoras, la orquesta “Amargura yucateca” integrada por “payasos”, así como las solemnes celebraciones de coronación de reinas y princesas del Carnaval.

Las celebraciones del Carnaval se introdujeron a Mérida desde los primeros tiempos de la Colonia, cuando se dieron las primeras disposiciones censuradas y con licencia para permitir los festejos que causaban incomodidad en algunos sectores sociales y del clero.

En esa época, el Carnaval estaba prohibido para la gente “de color” o indígena y sólo participaban en ella las personas “blancas”.

En un principio, los jóvenes gobernadores eran los principales impulsores de las fiestas de la población blanca que paulatinamente pasó al pueblo, mezclándose de esta manera diferentes culturas que dieron un matiz especial a las celebraciones.

Entonces, ¿cómo era las fiestas de las diferentes culturas? En los siglos XVII y XVIII había tertulias familiares, de la gente “blanca”, acompañadas de paseos en calesa y batallas entre jinetes enmascarados; mientras que el pueblo mestizo realizaba danzas folclóricas e incluso imitaban costumbres españolas.

Los inicios de las Batallas de Flores fueron documentadas en la segunda mitad del siglo XIX, pero en 1841 el Ayuntamiento las prohibió ya que en aquellos tiempos se tiraba agua desde las azoteas a la gente que caminaba por las calles, los embadurnaban de pintura y allanaban casas de gente pacífica.

En vista de la situación mencionada, las festividades se trasladaron al actual Teatro Peón Contreras, antes llamado Teatro San Carlos donde se efectuaban bailes y se alquilaban disfraces.

Las carnestolendas pasaron a manos de sociedades coreográficas y de divertimiento a mediados del siglo XIX. “La Unión” y el “Liceo de Mérida fueron algunos de los que elevaron a un máximo esplendor las fiestas de la ciudad.

En tiempos del oro verde, del auge henequenero, entre 1889 y 1926 los desfiles se caracterizaron por su opulencia, eran elegantes y moderadas.

La clases medias y la populares dejaron de ser espectadoras y formaron nuevas sociedades coreográficas como “Paz y Unión” (1865), “Recreativa Popular”, “El Nardo”, “El Renacimiento” y “El Centro Campechano”.

En esos tiempos surgieron los “Bandos de Carnaval” con gente disfrazada, que en tono satírico y en verso criticaban a personajes de la época, a los gobiernos y las costumbres.

En 1872 participa la primera estudiantina en el Carnaval de Mérida conformada por grupos de estudiantes con trajes que bailaban y cantaban bajo la letra y música de compositores locales como Cirilo Baqueiro Preve “Chan Cil”.

El 10 de febrero de 1891, Mérida celebra por vez primera en el día martes de Carnaval la fiesta conocida como “Batalla de las Flores”, organizada por la sociedad “Liceo de Mérida”, misma que inició el viernes de “Corzo”, también conocido en aquella época como “Paseo de Fuego”.

A fines de esa centuria las empresas comerciales presentaron sus primeros carros alegóricos para promover sus establecimientos y productos. Otra innovación que se dio a principios del siglo XX fue la elección de reinas del Carnaval quienes eran coronadas en la Plaza Grande.

Para 1955, la coronación de las soberanas se trasladó a la arena Carta Clara, mientras que para los años 60’s y 70’s del siglo XX, la ostentación se convirtió en expresiones de diversión espontánea, creativa, con elementos chuscos, lanzamiento de proyectiles y por consiguiente algunos altercados.

A mediados del los años 80`s, el Comité Permanente del Carnaval de Mérida reorganizó las fiestas y estableció lineamientos para el desarrollo de las celebraciones a las que pudieran asistir las familias y disfrutar sanamente de las carnestolendas.

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