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El derecho a la mala imagen

El Zarpazo

Sábado 05 de Mayo de 2018

 

Nuevamente las redes nos han mostrado una situación polémica y que ha dividido opiniones.
Se trata del caso de Francisco Joel Morando quien estaba presentando su examen profesional cuando uno de los sinodales lo interrumpe y le dice “
Empezamos mal, es un examen profesional y como tal ustedes deben de venir adecuadamente vestidos, no venimos a una fiesta. Yo tengo toda la facultad de suspender en este momento el examen
El joven argumenta que es un acto de discriminación y el sinodal le replica y le comenta que:
No, no discriminación, yo no lo tomaría así. Yo debo de venir adecuadamente para este acto que es importante en tu vida y como tal debes darle una importancia adecuada, de venir vestido formalmente y no venir vestido de mezclilla, de tenis, de playera
Revisando el reglamento de la Universidad destaca que la vestimenta y apariencia no es una causa para suspender un examen profesional y que además no es requisito para sustentar el examen vestir de una determinada manera.

Analizando los comentarios de las redes he visto:
1.La cantidad de gente que está de acuerdo con las políticas de imagen.

2. La cantidad de gente que no logra identificar que la discriminación no sólo puede presentarse de manera directa sino indirecta

3. La cantidad de gente que cree que la ropa y la apariencia necesariamente te hacen ver profesional. O sea privilegian el parecer que el ser.

No quiero mal explicarme, cada quién puede vestir de la manera más exquisita posible. Lo que no se vale es intentar que tus patrones de gusto se impongan a las demás personas.

La política de imagen es la que finca una serie de valores sobre la ropa y la apariencia. Es tan arbitraria que nunca nos pondremos de acuerdo sobre lo que es. La política de imagen son todo aquellas consecuencias y tratamientos (generalmente negativos) que se derivan de la apariencia y vestimenta de las personas. Cuando a una mujer le niegan las denuncias por como estaba vestida, detrás está la política de imagen. Cuando detienen a albañiles y jardineros por parecer sospechosos, detrás está la política de imagen. Cuando niegan el acceso a las personas a establecimientos comerciales por su apariencia, detrás está la política de imagen. Es el génesis del “como te ven te tratan”.

Y si dicen que la buena imagen, seguir la etiqueta social y las normas implícitas te hacen ser profesional yo tengo una lectura diferente. Seguir normas sólo porque son sociales sin cuestionarlas te hacen ver acrítico y falto de autonomía. O sea es una especie de domesticación.

Los actos de discriminación y violencia no se generan de la nada. Generalmente provienen de ideas más generales, como la apariencia o cómo la persona se ve o qué es lo que aparenta ser.

Pensar que el respeto a un evento se demuestra por la ropa que traes es la misma idea que dice que el respeto a tu persona se muestra por la forma que vistes, en ese sentido si alguien agrede a otra persona por su forma de vestir la mitad de la culpa es de la víctima. Absurdo por donde se quiera ver.

Por eso y más es que es momento de reivindicar el derecho que tenemos cada persona de lucir y aparentar lo que cada quien guste y abandonar esa idea de que es más importante la forma (lo de fuera) que el fondo (lo de adentro). Si condicionamos un examen, un servicio, un empleo y, en general, todos y todas corremos el riesgo en algún momento de recibir un trato discriminatorio porque aunque no lo crean no siempre estamos dando “buena imagen” ante los ojos de otra persona.

La política de imagen se ha construido sobre cánones que deja fuera a muchas personas por su color de piel, por sus rasgos físicos y por su origen étnico. La apariencia indígena, por ejemplo, nunca se ha tomado como un estándar de la buena imagen.
La buena imagen se basa en valores clasistas y racistas, la buena imagen no existe, es arbitraria, colonial y depende de un tercero que es el que mira.

No estoy diciendo que deben desaparecer los protocolos y las normas de etiqueta, sino que estas deben ser opcionales y que además el trato y valor de una persona no dependa de ello.

Lo curioso de todo esto es que quienes defienden las políticas de imagen son los primeros que no encajan en ella, son los que quienes tienen deudas por aparentar ser lo que no son.

 

Facebook: Armando Rivas Lugo
Twitter: @Trinkt

 

 

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Nota escrita por:

Armando Rivas Lugo

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